lunes, 22 de enero de 2007

"Los ideales son como las estrellas, no las alcanzas pero iluminan nuestro camino"-Demócrito.

Realmente una reflexión digna de meditar y relacionar con la vida del hombre.
El humano desde edades muy tempranas comienza ya a trazarse metas. Como he mencionado antes, y sin exagerar, los ejemplos mas representativos serian los más pequeños de la casa. Solo hay que ver de que estrategias se valen para conseguir ese juguete que les ‘chifló’ en aquel centro comercial. Pero, para observar que la frase se ve reflejada en esta etapa, solo habría que analizar el comportamiento de estos niños. Insisten con ilusión, sin mentalizarse de que también la respuesta puede ser negativa, o tal vez si, tal vez simplemente negándoselo a sí mismos. Esa es la iluminación, la intención. A pesar de que esa estrella nunca se alcance ellos no desisten, y se ilusionan.
El destello que parece ‘iluminar’ nuestro camino son nuestras expectativas, porque antes de lanzarnos a por esa estrella, a por ese ideal, ya habremos trazado un plan en el que, por supuesto, irán incluidos todos los posibles resultados de nuestro intento. Tanto si son buenos, como si no. Aunque no habría que negar que muchas frustraciones duelen mas de lo que parece.
El niño no conseguirá el juguete, sin embargo días después, su padre aparecerá con un regalo inesperado para él. De camino a casa se le ocurrió comprarle un videojuego para la playstation, el muchacho lo recibió contento, pero no tanto como si se hubiera tratado del juguete con el que él había soñado. Al día siguiente lo comentó con sus compañeros, que se quedaron estupefactos al oír el nombre del juego. Muchos de ellos llevaban mucho rogando a sus padres que se lo compraran, y no entendían ese desanimo de su compañero. Esa tarde todos fueron a casa del pequeño a jugar, y él, por primera vez en mucho tiempo, sintió que se le estaba dando gran importancia a su persona, por un simple juego, si, pero él se sentía importante. Era importante. Y esa fue una sensación culminante para el, fue su meta, aun sin trazársela desde un principio. Su ideal, habría considerado él mismo. Olvidó la frustraron que le inundó al no recibir aquel juguete, del que, en esos momentos, ni se acordaba.

Se entiende la palabra ideal como una necesidad humana de crecimiento, el cómo nos gustaría ser (pero traducido a una sociedad capitalista como la actual el ideal podría definirse como qué nos gustaría tener para ser lo que quisiéramos). Algo como la culminación de la realización de uno mismo. Llegados a este punto uno ya no puede desear mas.
Pero esta ultima frase, aplicada a la raza humana, suena incluso graciosa. Porque. ...¿Cuándo deja el hombre de desear? ¿Cuando se conforma? Somos unos inconformistas desde nuestra creación. Una vez cosechado un éxito, en cualquier aspecto de la vida, uno se olvida del objetivo principal, de lo ‘’importante’’para uno (el juguete del centro comercial) y empieza a desear y desear y a desviarse del camino que, en un principio, se había trazado. Por ello, en conclusión, todos los éxitos que se cosechan a lo largo de la vida, son una ínfima parte de lo que podrían ser. Son sólo un reflejo de ese ideal inalcanzable, porque, involuntariamente, nosotros mismos escogemos otro camino. Olvidándonos de ello. Y comenzando otro plan con nuevas metas, nuevas realizaciones. Pero que nunca serán completas, porque no nos harán felices eternamente. Aunque esto no lo apreciemos, porque esa luz, esa ilusión, las ganas, la motivación, nuestras buenas expectativas en las que se han convertido nuestros pequeños éxitos adquiridos nos estarán guiando, nos estarán iluminando, y son los que nos mantienen en el camino. Así pues, será mejor seguir disfrutando del ‘paseo’, seguir disfrutando de la vida.

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